#: locale=es ## Tour ### Description tour.description = Expo Virtual ### Título tour.name = INFVIERNO SERBIO ## Media ### Título panorama_4018BAA2_4F06_A4C6_41CD_7C31138347B0.label = EXPO INFVIERNO 01 panorama_40905199_4F0A_E4C2_41C1_FFF2B4C48392.label = EXPO INFVIERNO 05 panorama_40A345D6_4F0B_AC4E_41CC_C6C3C4E13ABC.label = EXPO INFVIERNO 10 panorama_40C949F7_4F06_E44E_41CF_05C987B5442F.label = EXPO INFVIERNO 02 panorama_40D69955_4F05_E442_4180_7794100AA8F0.label = EXPO INFVIERNO 03 panorama_4146B624_4F05_AFC2_41C6_0CC8309FD8C7.label = EXPO INFVIERNO 03b audiovisuales panorama_5F5C3BB8_4F05_64C2_41B6_97FF31FFEBD1.label = EXPO INFVIERNO 04 panorama_93026EC7_C4A8_C9E0_41DD_CD2DAC060F3C.label = EXPO INFVIERNO 08 panorama_9315B3C1_C4A9_5FE0_41D6_0C4DCAB916A8.label = EXPO INFVIERNO 09 panorama_932DC90C_C4A8_C860_41D8_CBAA3FB78AEB.label = EXPO INFVIERNO 06 photo_40EA88F2_C5A7_49A0_41DD_18D6E63DF711.label = 12 photo_426BE1AC_C5B9_7BA0_41C8_CD1DA0E2BD4A.label = 8 photo_47AA84FA_C5D9_D9A0_41DF_89671A22C846.label = 13 photo_4F8A02B1_C5E7_B9A0_41DB_D067D0F1C110.label = 14 photo_549A84D8_C5E9_79E0_41E6_509C1C8352AD.label = 15 photo_5A819A8E_4E9E_2AF2_41B3_4C2C05116C34.label = logos-x3 photo_5BA8E113_C5F9_D860_41C2_D4774C2B0AB2.label = 17 photo_5FB81DB8_C5E9_4BA0_41C6_2F9A47200E4A.label = 16 photo_62B955E4_C5F9_5BA1_41DB_F8F0281CE588.label = 19 photo_639B2BB3_C5E8_CFA0_41E1_FAEEC634D43D.label = 20 photo_653E3BC9_C5F9_4FE0_41B9_D88789CD5B8C.label = 18 photo_88397281_C7BB_5860_41E7_3C7A4E048F7E.label = 2-REEMPLAZO photo_8E3851C9_C7D9_7BE0_41CF_FF2A27335849.label = 6 photo_B33EB539_C5A8_D8A0_41D6_9A0DBE85E80D.label = 9 photo_B3B2C19B_C5A9_5860_41D4_B3EFB586B4B2.label = 10 photo_B98C453A_C5B9_B8A0_41DC_C774A721F710.label = 7 photo_D041F398_C4E9_7860_41C0_E86284CC2A27.label = 1 photo_D12EB0B2_C56B_D9A0_41DB_422DCDF97A42.label = 11 photo_D1A38942_C76B_48E5_41DA_E77A4EB8D45A.label = titulo-expo photo_DC18AE93_C779_4860_41E0_DC9E846CCAFA.label = logo-sindicalistes photo_DC1BC4AC_C779_59A0_4178_673FD6E82102.label = logo-ugt.cat photo_DCC131AD_C768_DBA0_41D3_5E35B20AB8E4.label = logos-x3 photo_EDECABF7_C7BF_CFA0_41E1_57EACB215FD9.label = 3 photo_F7FDE79C_C7B8_D860_41E8_099D4849BD8E.label = 4 photo_FD8BAB3D_C7D8_C8A0_41E7_167CC9DF1C39.label = 5 video_CB5F8F63_C4B8_C8A0_41D4_DA2167574B4D.label = INFVIERNO SERBIO ## Ventana ### Cuerpo htmlText_042BBBB7_C567_CFA0_41C1_9CE8A8808AC5.html =
Las duras condiciones del invierno obligaban constantemente a los voluntarios y las voluntarias, que trabajaban con estas personas, a cambiar las mantas. Porque eran muchísimos los chicos que iban llegando los bosques del norte de Serbia junto a la frontera de Hungría. 
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Las duras condiciones del invierno obligaban constantemente a los voluntarios y las voluntarias, que trabajaban con estas personas, a cambiar las mantas. Porque eran muchísimos los chicos que iban llegando los bosques del norte de Serbia junto a la frontera de Hungría. 
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Miles de personas refugiadas se encuentran atrapados en Serbia, país que dispone de cuatro fronteras con la Unión Europea y otras tantas con países que pertenecieron a la antigua Yugoslavia. Han cruzado el Mediterráneo, Grecia y Macedonia, han recorrido miles de kilómetros, a veces a pie en medio de la noche y a varios grados bajo cero. Desde el año 2010 empezaron a llegar a los bosques serbios personas que huían de las guerras de Afganistán, Siria e Iraq. También en Pakistán, por la fuerte presión y violencia que ejercen los talibanes, miles de jóvenes se ven obligados a abandonar su hogar en busca de una vida segura y digna.
Para llegar hasta aquí han arriesgado su vida y se han puesto en manos de los traficantes de personas. Llegan exhaustos, con niños a cuestas. Muchos llevan días sin dormir, pero no quieren pararse aquí. Su idea es cruzar las temibles vallas que Hungría instaló con la inestimable ayuda de la Unión Europea. Unos muros de alambre que son testigos de la violencia criminal que la policía de fronteras húngara ejerce contra las personas que intentan llegar al otro lado. La nueva ley del país magiar convierte en delito romper la cerca de alambre de cuchillas en la frontera y amplía las penas de prisión para los traficantes de personas. El gobierno húngaro cerró dos pasos de frontera con Serbia en 2015.
Mientras esperan para hacer “El Game” (nombre que usan para referirse al intento de saltar las vallas) viven escondidos en los bosques cercanos a la frontera con Hungría, en el norte, y a la de Croacia en el oeste. El gobierno serbio no brinda ningún tipo de ayuda en esas localizaciones y tienen que ser las ONGS, las que se encarguen de dar comida y apoyo a las personas refugiadas. Personas voluntarias procedentes de muchos países se juegan ser expulsados de Serbia por intentar ayudar.
En los campos de Sid, Tabankout o Subotica al norte del país, cientos de jóvenes, muchos no alcanzan la mayoría de edad, procedentes de Afganistán, Pakistán, Bangladesh, Nepal y Cuba que han conseguido llegar a Serbia, denuncian palizas y torturas por parte de los agentes de seguridad en los cruces fronterizos, según relatan los propios refugiados a los pocos voluntarios que se atreven a estar en la zona. Un trabajo difícil, ser voluntario en Serbia, sometidos a constante presión e intimidación en un país, donde la ayuda humanitaria está penalizada, no se puede servir comida caliente ni dispensar medicinas básicas.
Los activistas conviven con estas personas ofreciéndoles cariño y calor humano. Les llevan comida cada dos días, un presupuesto de aproximadamente 1,5 euros por persona, no es gran cosa pero les quita el hambre. También ayudan aportando lo mínimo básico que cualquier ser humano necesita para vivir, como ropa, calzado y también reparten duchas; aun así son víctimas de infecciones estomacales y de enfermedades de la piel provocadas por parásitos como la sarna. Realizan actividades lúdicas como hacer camisetas que luego son vendidas para ayudar a financiar la ayuda. Unos voluntarios jóvenes valientes y comprometidos con la causa humana que dedican su tiempo para ayudar a los que lo han perdido todo.
Los datos oficiales vertidos por la organización internacional de las migraciones (OIM), confirman que hay unas 7.740 (final 2017) personas estancadas en Serbia. Según fuentes de las instituciones y organizaciones no gubernamentales como Médicos Sin Fronteras, afirman que en realidad esta cifra supera los 11.000.
Serbia es la última frontera para miles de personas que tratan de llegar a la Unión Europea. Si bien Grecia continúa siendo el principal país de tránsito y estancamiento de refugiados e inmigrantes, Serbia le sigue los pasos.
CREDITOS Y AGRADECIMIENTOS
Fotografías y textos : Antonio Sempere
Producción técnica, 3D & Programación: Sergi Mussull, Pixel-on.com
Agradecimientos : Tere Gómez , STOP Mare Mortum - NO NAME KITCHEN - JUTT Helping People
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Las duras condiciones del invierno obligaban constantemente a los voluntarios y las voluntarias, que trabajaban con estas personas, a cambiar las mantas. Porque eran muchísimos los chicos que iban llegando los bosques del norte de Serbia junto a la frontera de Hungría. 
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Las duras condiciones del invierno obligaban constantemente a los voluntarios y las voluntarias, que trabajaban con estas personas, a cambiar las mantas. Porque eran muchísimos los chicos que iban llegando los bosques del norte de Serbia junto a la frontera de Hungría. 
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Cualquier sitio fuera de las ciudades era adecuado para poder esconderse y descansar. En la estación de tren abandonada de Subotica los migrantes se reunían con las organizaciones para recoger comida y recibir algunos cuidados de urgencia. También les curaban las heridas y aprovechaban para relatar cómo la policía de la frontera les maltrataba cuando les sorprendían cerca de las vallas. Contaban que unos uniformados con brazaletes donde lucían la bandera europea les insultaban, agredían y hasta les amenazaban de muerte si intentaban llegar a Europa.
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Las granjas abandonadas donde se escondían cientos de personas se convertían para las ONG en espacios de reunión donde proporcionar duchas, ropa de abrigo y comida. El invierno en Serbia podía dejar temperaturas de hasta 30 grados bajo cero. La nieve hacía muy difícil llegar a las ubicaciones. La vida en estas instalaciones no resultaba fácil. Los residentes dependían de la ayuda que a diario les ofrecían las personas voluntarias.
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Desde 2015 miles de niñas y niños han llegado junto a sus padres a Serbia huyendo de la guerra o la persecución por motivos religiosos, étnicos o políticos. Otros tantos menores solos han logrado entrar en Serbia en condiciones muy precarias. Muchos han perdido a sus progenitores por el camino, otros han logrado escapar de las mafias de trata de seres humanos. Esta niña afgana de la etnia hazara, pueblo de origen mongol formado principalmente por chiitas de habla persa, huyó junto a su familia de la persecución y exterminio que sufre su pueblo a manos de las facciones talibanes sunníes y el Estado Islámico en el sur de Afganistán. Ahora vive en el campo de refugiados de Subotica a la espera de poder ir a Europa para encontrar un hogar junto a su familia.
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Desde 2015 miles de niñas y niños han llegado junto a sus padres a Serbia huyendo de la guerra o la persecución por motivos religiosos, étnicos o políticos. Otros tantos menores solos han logrado entrar en Serbia en condiciones muy precarias. Muchos han perdido a sus progenitores por el camino, otros han logrado escapar de las mafias de trata de seres humanos. Esta niña afgana de la etnia hazara, pueblo de origen mongol formado principalmente por chiitas de habla persa, huyó junto a su familia de la persecución y exterminio que sufre su pueblo a manos de las facciones talibanes sunníes y el Estado Islámico en el sur de Afganistán. Ahora vive en el campo de refugiados de Subotica a la espera de poder ir a Europa para encontrar un hogar junto a su familia.
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Las granjas abandonadas donde se escondían cientos de personas se convertían para las ONG en espacios de reunión donde proporcionar duchas, ropa de abrigo y comida. El invierno en Serbia podía dejar temperaturas de hasta 30 grados bajo cero. La nieve hacía muy difícil llegar a las ubicaciones. La vida en estas instalaciones no resultaba fácil. Los residentes dependían de la ayuda que a diario les ofrecían las personas voluntarias.
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Cualquier sitio fuera de las ciudades era adecuado para poder esconderse y descansar. En la estación de tren abandonada de Subotica los migrantes se reunían con las organizaciones para recoger comida y recibir algunos cuidados de urgencia. También les curaban las heridas y aprovechaban para relatar cómo la policía de la frontera les maltrataba cuando les sorprendían cerca de las vallas. Contaban que unos uniformados con brazaletes donde lucían la bandera europea les insultaban, agredían y hasta les amenazaban de muerte si intentaban llegar a Europa.
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Cualquier sitio fuera de las ciudades era adecuado para poder esconderse y descansar. En la estación de tren abandonada de Subotica los migrantes se reunían con las organizaciones para recoger comida y recibir algunos cuidados de urgencia. También les curaban las heridas y aprovechaban para relatar cómo la policía de la frontera les maltrataba cuando les sorprendían cerca de las vallas. Contaban que unos uniformados con brazaletes donde lucían la bandera europea les insultaban, agredían y hasta les amenazaban de muerte si intentaban llegar a Europa.
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Las granjas abandonadas donde se escondían cientos de personas se convertían para las ONG en espacios de reunión donde proporcionar duchas, ropa de abrigo y comida. El invierno en Serbia podía dejar temperaturas de hasta 30 grados bajo cero. La nieve hacía muy difícil llegar a las ubicaciones. La vida en estas instalaciones no resultaba fácil. Los residentes dependían de la ayuda que a diario les ofrecían las personas voluntarias.
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Cualquier sitio fuera de las ciudades era adecuado para poder esconderse y descansar. En la estación de tren abandonada de Subotica los migrantes se reunían con las organizaciones para recoger comida y recibir algunos cuidados de urgencia. También les curaban las heridas y aprovechaban para relatar cómo la policía de la frontera les maltrataba cuando les sorprendían cerca de las vallas. Contaban que unos uniformados con brazaletes donde lucían la bandera europea les insultaban, agredían y hasta les amenazaban de muerte si intentaban llegar a Europa.
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Unos jóvenes recogen la comida que les dispensan las voluntarias tras la cerca de la estación de tren de Subotica.
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Muchas familias han abandonado los campos de refugiados de Serbia por la imposibilidad de arreglar la situación y encontrar una salida hacia Europa. Han decidido ir a Bosnia para intentar cruzar por la frontera de Croacia. En Velika Kladusa, una localidad bosnia colindante con la frontera croata, se han improvisado asentamientos que pronto se han visto desbordados. El desastre humanitario es de tal magnitud que muchas de las personas que llegaron durante el invierno de 2018 se han quedado atrapadas ante la imposibilidad de salir.
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Casi 2.000 refugiados corren riesgo de morir por congelación e hipotermia a causa de las bajas temperaturas. Atrapados en la capital serbia, Belgrado, están durmiendo en alojamientos improvisados a temperaturas inferiores a los 14 grados bajo cero mientras esperan poder acceder a Hungría. Los edificios abandonados donde se alojan refugiados y migrantes están en pésimas condiciones. Tienen techos altos, ventanas rotas, carecen de calefacción y de instalaciones sanitarias. Más del 10% de todos los refugiados y migrantes que llegan a Serbia son menores no acompañados. Se calcula que hay alrededor de 700 menores no acompañados actualmente en el país. Algunos de estos niños no han cumplido los 10 años.
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ACNUR se encargaba de atender a las personas que son devueltas desde el campo de transición de Röske, en la frontera de Hungría, tras denegarles el permiso de entrada al país después de estar encerradas y privadas de libertad durante cuatro meses. Las familias eran separadas y, como práctica habitual, el marido era expulsado del campo tras rechazarse su solicitud de asilo. En mayo de 2015, la Comisión Europea propuso cuotas obligatorias para redistribuir a los solicitantes de asilo. El ultranacionalista primer ministro húngaro, Viktor Orbán, no estaba dispuesto a aceptarlas y respondió con una valla. En junio de 2015, Hungría anunció la construcción de una barrera de 175 kilómetros a lo largo de la frontera sur con Serbia.
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GRACIAS POR SU TIEMPO
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Unos jóvenes recogen la comida que les dispensan las voluntarias tras la cerca de la estación de tren de Subotica.
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Unos jóvenes recogen la comida que les dispensan las voluntarias tras la cerca de la estación de tren de Subotica.
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ACNUR se encargaba de atender a las personas que son devueltas desde el campo de transición de Röske, en la frontera de Hungría, tras denegarles el permiso de entrada al país después de estar encerradas y privadas de libertad durante cuatro meses. Las familias eran separadas y, como práctica habitual, el marido era expulsado del campo tras rechazarse su solicitud de asilo. En mayo de 2015, la Comisión Europea propuso cuotas obligatorias para redistribuir a los solicitantes de asilo. El ultranacionalista primer ministro húngaro, Viktor Orbán, no estaba dispuesto a aceptarlas y respondió con una valla. En junio de 2015, Hungría anunció la construcción de una barrera de 175 kilómetros a lo largo de la frontera sur con Serbia.
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La desesperación por encontrarse bloqueadas en Serbia ha hecho que muchas familias intenten cruzar la frontera de Croacia desde Bosnia. Algunas de las familias que van llegando a Velika Kladusa cuentan con tiendas de campaña, algunas donadas por voluntarios independientes. Un hombre bosnio que lleva años viajando por los Balcanes buscando cómo ayudar a las personas que tratan de llegar a Europa desde regiones en conflicto ha comprado muchos palos de madera y largos metros de plástico para fabricar refugios, en los que, junto a los habitantes del campo, trabaja a diario. Pero todos los días llegan personas nuevas y en muchas ocasiones aún no encuentran un lugar para resguardarse. Hay pocas organizaciones que ayuden a cubrir las necesidades básicas. Y el gobierno local no ofrece más que suelo a las afueras del pueblo.
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La desesperación por encontrarse bloqueadas en Serbia ha hecho que muchas familias intenten cruzar la frontera de Croacia desde Bosnia. Algunas de las familias que van llegando a Velika Kladusa cuentan con tiendas de campaña, algunas donadas por voluntarios independientes. Un hombre bosnio que lleva años viajando por los Balcanes buscando cómo ayudar a las personas que tratan de llegar a Europa desde regiones en conflicto ha comprado muchos palos de madera y largos metros de plástico para fabricar refugios, en los que, junto a los habitantes del campo, trabaja a diario. Pero todos los días llegan personas nuevas y en muchas ocasiones aún no encuentran un lugar para resguardarse. Hay pocas organizaciones que ayuden a cubrir las necesidades básicas. Y el gobierno local no ofrece más que suelo a las afueras del pueblo.
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La desesperación por encontrarse bloqueadas en Serbia ha hecho que muchas familias intenten cruzar la frontera de Croacia desde Bosnia. Algunas de las familias que van llegando a Velika Kladusa cuentan con tiendas de campaña, algunas donadas por voluntarios independientes. Un hombre bosnio que lleva años viajando por los Balcanes buscando cómo ayudar a las personas que tratan de llegar a Europa desde regiones en conflicto ha comprado muchos palos de madera y largos metros de plástico para fabricar refugios, en los que, junto a los habitantes del campo, trabaja a diario. Pero todos los días llegan personas nuevas y en muchas ocasiones aún no encuentran un lugar para resguardarse. Hay pocas organizaciones que ayuden a cubrir las necesidades básicas. Y el gobierno local no ofrece más que suelo a las afueras del pueblo.
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La desesperación por encontrarse bloqueadas en Serbia ha hecho que muchas familias intenten cruzar la frontera de Croacia desde Bosnia. Algunas de las familias que van llegando a Velika Kladusa cuentan con tiendas de campaña, algunas donadas por voluntarios independientes. Un hombre bosnio que lleva años viajando por los Balcanes buscando cómo ayudar a las personas que tratan de llegar a Europa desde regiones en conflicto ha comprado muchos palos de madera y largos metros de plástico para fabricar refugios, en los que, junto a los habitantes del campo, trabaja a diario. Pero todos los días llegan personas nuevas y en muchas ocasiones aún no encuentran un lugar para resguardarse. Hay pocas organizaciones que ayuden a cubrir las necesidades básicas. Y el gobierno local no ofrece más que suelo a las afueras del pueblo.
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La desesperación por encontrarse bloqueadas en Serbia ha hecho que muchas familias intenten cruzar la frontera de Croacia desde Bosnia. Algunas de las familias que van llegando a Velika Kladusa cuentan con tiendas de campaña, algunas donadas por voluntarios independientes. Un hombre bosnio que lleva años viajando por los Balcanes buscando cómo ayudar a las personas que tratan de llegar a Europa desde regiones en conflicto ha comprado muchos palos de madera y largos metros de plástico para fabricar refugios, en los que, junto a los habitantes del campo, trabaja a diario. Pero todos los días llegan personas nuevas y en muchas ocasiones aún no encuentran un lugar para resguardarse. Hay pocas organizaciones que ayuden a cubrir las necesidades básicas. Y el gobierno local no ofrece más que suelo a las afueras del pueblo.
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ACNUR se encargaba de atender a las personas que son devueltas desde el campo de transición de Röske, en la frontera de Hungría, tras denegarles el permiso de entrada al país después de estar encerradas y privadas de libertad durante cuatro meses. Las familias eran separadas y, como práctica habitual, el marido era expulsado del campo tras rechazarse su solicitud de asilo. En mayo de 2015, la Comisión Europea propuso cuotas obligatorias para redistribuir a los solicitantes de asilo. El ultranacionalista primer ministro húngaro, Viktor Orbán, no estaba dispuesto a aceptarlas y respondió con una valla. En junio de 2015, Hungría anunció la construcción de una barrera de 175 kilómetros a lo largo de la frontera sur con Serbia.
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ACNUR se encargaba de atender a las personas que son devueltas desde el campo de transición de Röske, en la frontera de Hungría, tras denegarles el permiso de entrada al país después de estar encerradas y privadas de libertad durante cuatro meses. Las familias eran separadas y, como práctica habitual, el marido era expulsado del campo tras rechazarse su solicitud de asilo. En mayo de 2015, la Comisión Europea propuso cuotas obligatorias para redistribuir a los solicitantes de asilo. El ultranacionalista primer ministro húngaro, Viktor Orbán, no estaba dispuesto a aceptarlas y respondió con una valla. En junio de 2015, Hungría anunció la construcción de una barrera de 175 kilómetros a lo largo de la frontera sur con Serbia.
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En los Balcanes, muchas mujeres, hombres y niños han denunciado malos tratos a manos de las fuerzas policiales. Los agentes utilizan la violencia y la intimidación para denegar el acceso a un proceso de solicitud de asilo y obligar de forma ilegal a las personas a regresar a sus países. Refugiados y otros migrantes que han cruzado el mar desde Libia hablan de violaciones, torturas y esclavitud como las realidades cotidianas que enfrentan durante el trayecto. Ya son más de 70 millones de personas en todo el mundo las que oficialmente se han visto obligadas a abandonar sus hogares como consecuencia de los conflictos, la violencia y la persecución: la cifra más elevada registrada por las Naciones Unidas desde la Segunda Guerra Mundial.
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En los Balcanes, muchas mujeres, hombres y niños han denunciado malos tratos a manos de las fuerzas policiales. Los agentes utilizan la violencia y la intimidación para denegar el acceso a un proceso de solicitud de asilo y obligar de forma ilegal a las personas a regresar a sus países. Refugiados y otros migrantes que han cruzado el mar desde Libia hablan de violaciones, torturas y esclavitud como las realidades cotidianas que enfrentan durante el trayecto. Ya son más de 70 millones de personas en todo el mundo las que oficialmente se han visto obligadas a abandonar sus hogares como consecuencia de los conflictos, la violencia y la persecución: la cifra más elevada registrada por las Naciones Unidas desde la Segunda Guerra Mundial.
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En los Balcanes, muchas mujeres, hombres y niños han denunciado malos tratos a manos de las fuerzas policiales. Los agentes utilizan la violencia y la intimidación para denegar el acceso a un proceso de solicitud de asilo y obligar de forma ilegal a las personas a regresar a sus países. Refugiados y otros migrantes que han cruzado el mar desde Libia hablan de violaciones, torturas y esclavitud como las realidades cotidianas que enfrentan durante el trayecto. Ya son más de 70 millones de personas en todo el mundo las que oficialmente se han visto obligadas a abandonar sus hogares como consecuencia de los conflictos, la violencia y la persecución: la cifra más elevada registrada por las Naciones Unidas desde la Segunda Guerra Mundial.
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Casi 2.000 refugiados corren riesgo de morir por congelación e hipotermia a causa de las bajas temperaturas. Atrapados en la capital serbia, Belgrado, están durmiendo en alojamientos improvisados a temperaturas inferiores a los 14 grados bajo cero mientras esperan poder acceder a Hungría. Los edificios abandonados donde se alojan refugiados y migrantes están en pésimas condiciones. Tienen techos altos, ventanas rotas, carecen de calefacción y de instalaciones sanitarias. Más del 10% de todos los refugiados y migrantes que llegan a Serbia son menores no acompañados. Se calcula que hay alrededor de 700 menores no acompañados actualmente en el país. Algunos de estos niños no han cumplido los 10 años.
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Miles de personas refugiadas se encuentran atrapados en Serbia, país que dispone de cuatro fronteras con la Unión Europea y otras tantas con países que pertenecieron a la antigua Yugoslavia. Han cruzado el Mediterráneo, Grecia y Macedonia, han recorrido miles de kilómetros, a veces a pie en medio de la noche y a varios grados bajo cero. Desde el año 2010 empezaron a llegar a los bosques serbios personas que huían de las guerras de Afganistán, Siria e Iraq. También en Pakistán, por la fuerte presión y violencia que ejercen los talibanes, miles de jóvenes se ven obligados a abandonar su hogar en busca de una vida segura y digna.
Para llegar hasta aquí han arriesgado su vida y se han puesto en manos de los traficantes de personas. Llegan exhaustos, con niños a cuestas. Muchos llevan días sin dormir, pero no quieren pararse aquí. Su idea es cruzar las temibles vallas que Hungría instaló con la inestimable ayuda de la Unión Europea. Unos muros de alambre que son testigos de la violencia criminal que la policía de fronteras húngara ejerce contra las personas que intentan llegar al otro lado. La nueva ley del país magiar convierte en delito romper la cerca de alambre de cuchillas en la frontera y amplía las penas de prisión para los traficantes de personas. El gobierno húngaro cerró dos pasos de frontera con Serbia en 2015.
Mientras esperan para hacer “El Game” (nombre que usan para referirse al intento de saltar las vallas) viven escondidos en los bosques cercanos a la frontera con Hungría, en el norte, y a la de Croacia en el oeste. El gobierno serbio no brinda ningún tipo de ayuda en esas localizaciones y tienen que ser las ONGS, las que se encarguen de dar comida y apoyo a las personas refugiadas. Personas voluntarias procedentes de muchos países se juegan ser expulsados de Serbia por intentar ayudar.
En los campos de Sid, Tabankout o Subotica al norte del país, cientos de jóvenes, muchos no alcanzan la mayoría de edad, procedentes de Afganistán, Pakistán, Bangladesh, Nepal y Cuba que han conseguido llegar a Serbia, denuncian palizas y torturas por parte de los agentes de seguridad en los cruces fronterizos, según relatan los propios refugiados a los pocos voluntarios que se atreven a estar en la zona. Un trabajo difícil, ser voluntario en Serbia, sometidos a constante presión e intimidación en un país, donde la ayuda humanitaria está penalizada, no se puede servir comida caliente ni dispensar medicinas básicas.
Los activistas conviven con estas personas ofreciéndoles cariño y calor humano. Les llevan comida cada dos días, un presupuesto de aproximadamente 1,5 euros por persona, no es gran cosa pero les quita el hambre. También ayudan aportando lo mínimo básico que cualquier ser humano necesita para vivir, como ropa, calzado y también reparten duchas; aun así son víctimas de infecciones estomacales y de enfermedades de la piel provocadas por parásitos como la sarna. Realizan actividades lúdicas como hacer camisetas que luego son vendidas para ayudar a financiar la ayuda. Unos voluntarios jóvenes valientes y comprometidos con la causa humana que dedican su tiempo para ayudar a los que lo han perdido todo.
Los datos oficiales vertidos por la organización internacional de las migraciones (OIM), confirman que hay unas 7.740 (final 2017) personas estancadas en Serbia. Según fuentes de las instituciones y organizaciones no gubernamentales como Médicos Sin Fronteras, afirman que en realidad esta cifra supera los 11.000.
Serbia es la última frontera para miles de personas que tratan de llegar a la Unión Europea. Si bien Grecia continúa siendo el principal país de tránsito y estancamiento de refugiados e inmigrantes, Serbia le sigue los pasos.
CREDITOS Y AGRADECIMIENTOS
Fotografías y textos : Antonio Sempere
Producción técnica, 3D & Programación: Sergi Mussull, Pixel-on.com
Agradecimientos : Tere Gómez , STOP Mare Mortum - NO NAME KITCHEN - JUTT Helping People
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Miles de personas refugiadas se encuentran atrapados en Serbia, país que dispone de cuatro fronteras con la Unión Europea y otras tantas con países que pertenecieron a la antigua Yugoslavia. Han cruzado el Mediterráneo, Grecia y Macedonia, han recorrido miles de kilómetros, a veces a pie en medio de la noche y a varios grados bajo cero. Desde el año 2010 empezaron a llegar a los bosques serbios personas que huían de las guerras de Afganistán, Siria e Iraq. También en Pakistán, por la fuerte presión y violencia que ejercen los talibanes, miles de jóvenes se ven obligados a abandonar su hogar en busca de una vida segura y digna.
Para llegar hasta aquí han arriesgado su vida y se han puesto en manos de los traficantes de personas. Llegan exhaustos, con niños a cuestas. Muchos llevan días sin dormir, pero no quieren pararse aquí. Su idea es cruzar las temibles vallas que Hungría instaló con la inestimable ayuda de la Unión Europea. Unos muros de alambre que son testigos de la violencia criminal que la policía de fronteras húngara ejerce contra las personas que intentan llegar al otro lado. La nueva ley del país magiar convierte en delito romper la cerca de alambre de cuchillas en la frontera y amplía las penas de prisión para los traficantes de personas. El gobierno húngaro cerró dos pasos de frontera con Serbia en 2015.
Mientras esperan para hacer “El Game” (nombre que usan para referirse al intento de saltar las vallas) viven escondidos en los bosques cercanos a la frontera con Hungría, en el norte, y a la de Croacia en el oeste. El gobierno serbio no brinda ningún tipo de ayuda en esas localizaciones y tienen que ser las ONGS, las que se encarguen de dar comida y apoyo a las personas refugiadas. Personas voluntarias procedentes de muchos países se juegan ser expulsados de Serbia por intentar ayudar.
En los campos de Sid, Tabankout o Subotica al norte del país, cientos de jóvenes, muchos no alcanzan la mayoría de edad, procedentes de Afganistán, Pakistán, Bangladesh, Nepal y Cuba que han conseguido llegar a Serbia, denuncian palizas y torturas por parte de los agentes de seguridad en los cruces fronterizos, según relatan los propios refugiados a los pocos voluntarios que se atreven a estar en la zona. Un trabajo difícil, ser voluntario en Serbia, sometidos a constante presión e intimidación en un país, donde la ayuda humanitaria está penalizada, no se puede servir comida caliente ni dispensar medicinas básicas.
Los activistas conviven con estas personas ofreciéndoles cariño y calor humano. Les llevan comida cada dos días, un presupuesto de aproximadamente 1,5 euros por persona, no es gran cosa pero les quita el hambre. También ayudan aportando lo mínimo básico que cualquier ser humano necesita para vivir, como ropa, calzado y también reparten duchas; aun así son víctimas de infecciones estomacales y de enfermedades de la piel provocadas por parásitos como la sarna. Realizan actividades lúdicas como hacer camisetas que luego son vendidas para ayudar a financiar la ayuda. Unos voluntarios jóvenes valientes y comprometidos con la causa humana que dedican su tiempo para ayudar a los que lo han perdido todo.
Los datos oficiales vertidos por la organización internacional de las migraciones (OIM), confirman que hay unas 7.740 (final 2017) personas estancadas en Serbia. Según fuentes de las instituciones y organizaciones no gubernamentales como Médicos Sin Fronteras, afirman que en realidad esta cifra supera los 11.000.
Serbia es la última frontera para miles de personas que tratan de llegar a la Unión Europea. Si bien Grecia continúa siendo el principal país de tránsito y estancamiento de refugiados e inmigrantes, Serbia le sigue los pasos.
CREDITOS Y AGRADECIMIENTOS
Fotografías y textos : Antonio Sempere
Producción técnica, 3D & Programación: Sergi Mussull, Pixel-on.com
Agradecimientos : Tere Gómez , STOP Mare Mortum - NO NAME KITCHEN - JUTT Helping People
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A la dureza de la situación se sumaba el frío, que en el invierno de 2017 dejó casi un centenar de muertos en toda Europa. En Serbia, la hipotermia, la congelación y los problemas respiratorios eran habituales entre las personas que habitaban en los bosques, tal y como alertó MSF (Médicos Sin Fronteras). Además, las hogueras que encendían para calentarse podían acarrear otro tipo de infecciones debido al humo que inundaba los habitáculos en las casas abandonadas donde se cobijaban.
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Las condiciones de vida en los bosques mejoraban gracias al trabajo de las organizaciones sobre el terreno. Las continuas llegadas de personas voluntarias y material de ayuda humanitaria permiten paliar las necesidades básicas y ofrecer los cuidados de salud que las autoridades de inmigración serbias autorizan para las personas fuera de los campos. La visita de MSF (Médicos Sin Fronteras) a los distintos puntos repartidos cerca de los centros de internamiento donde habitaban los migrantes evitaron que la situación de emergencia fuese más grave.
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A la dureza de la situación se sumaba el frío, que en el invierno de 2017 dejó casi un centenar de muertos en toda Europa. En Serbia, la hipotermia, la congelación y los problemas respiratorios eran habituales entre las personas que habitaban en los bosques, tal y como alertó MSF (Médicos Sin Fronteras). Además, las hogueras que encendían para calentarse podían acarrear otro tipo de infecciones debido al humo que inundaba los habitáculos en las casas abandonadas donde se cobijaban.
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Miles de personas refugiadas se encuentran atrapados en Serbia, país que dispone de cuatro fronteras con la Unión Europea y otras tantas con países que pertenecieron a la antigua Yugoslavia. Han cruzado el Mediterráneo, Grecia y Macedonia, han recorrido miles de kilómetros, a veces a pie en medio de la noche y a varios grados bajo cero. Desde el año 2010 empezaron a llegar a los bosques serbios personas que huían de las guerras de Afganistán, Siria e Iraq. También en Pakistán, por la fuerte presión y violencia que ejercen los talibanes, miles de jóvenes se ven obligados a abandonar su hogar en busca de una vida segura y digna.
Para llegar hasta aquí han arriesgado su vida y se han puesto en manos de los traficantes de personas. Llegan exhaustos, con niños a cuestas. Muchos llevan días sin dormir, pero no quieren pararse aquí. Su idea es cruzar las temibles vallas que Hungría instaló con la inestimable ayuda de la Unión Europea. Unos muros de alambre que son testigos de la violencia criminal que la policía de fronteras húngara ejerce contra las personas que intentan llegar al otro lado. La nueva ley del país magiar convierte en delito romper la cerca de alambre de cuchillas en la frontera y amplía las penas de prisión para los traficantes de personas. El gobierno húngaro cerró dos pasos de frontera con Serbia en 2015.
Mientras esperan para hacer “El Game” (nombre que usan para referirse al intento de saltar las vallas) viven escondidos en los bosques cercanos a la frontera con Hungría, en el norte, y a la de Croacia en el oeste. El gobierno serbio no brinda ningún tipo de ayuda en esas localizaciones y tienen que ser las ONGS, las que se encarguen de dar comida y apoyo a las personas refugiadas. Personas voluntarias procedentes de muchos países se juegan ser expulsados de Serbia por intentar ayudar.
En los campos de Sid, Tabankout o Subotica al norte del país, cientos de jóvenes, muchos no alcanzan la mayoría de edad, procedentes de Afganistán, Pakistán, Bangladesh, Nepal y Cuba que han conseguido llegar a Serbia, denuncian palizas y torturas por parte de los agentes de seguridad en los cruces fronterizos, según relatan los propios refugiados a los pocos voluntarios que se atreven a estar en la zona. Un trabajo difícil, ser voluntario en Serbia, sometidos a constante presión e intimidación en un país, donde la ayuda humanitaria está penalizada, no se puede servir comida caliente ni dispensar medicinas básicas.
Los activistas conviven con estas personas ofreciéndoles cariño y calor humano. Les llevan comida cada dos días, un presupuesto de aproximadamente 1,5 euros por persona, no es gran cosa pero les quita el hambre. También ayudan aportando lo mínimo básico que cualquier ser humano necesita para vivir, como ropa, calzado y también reparten duchas; aun así son víctimas de infecciones estomacales y de enfermedades de la piel provocadas por parásitos como la sarna. Realizan actividades lúdicas como hacer camisetas que luego son vendidas para ayudar a financiar la ayuda. Unos voluntarios jóvenes valientes y comprometidos con la causa humana que dedican su tiempo para ayudar a los que lo han perdido todo.
Los datos oficiales vertidos por la organización internacional de las migraciones (OIM), confirman que hay unas 7.740 (final 2017) personas estancadas en Serbia. Según fuentes de las instituciones y organizaciones no gubernamentales como Médicos Sin Fronteras, afirman que en realidad esta cifra supera los 11.000.
Serbia es la última frontera para miles de personas que tratan de llegar a la Unión Europea. Si bien Grecia continúa siendo el principal país de tránsito y estancamiento de refugiados e inmigrantes, Serbia le sigue los pasos.
CREDITOS Y AGRADECIMIENTOS
Fotografías y textos : Antonio Sempere
Producción técnica, 3D & Programación: Sergi Mussull, Pixel-on.com
Agradecimientos : Tere Gómez , STOP Mare Mortum - NO NAME KITCHEN - JUTT Helping People
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En Serbia existen 19 campos de refugiados donde en 2017 llegó a confinarse a más de 8.000 personas que buscaban refugio tras lograr entra al país vía Macedonia desde Grecia. La ruta de los Balcanes se convirtió en una trampa donde millares de personas quedaron bloqueadas tras el cierre de las fronteras de Hungría y Croacia. No se sabe la cifra de personas que quedaron repartidas en los bosques de Serbia y que renunciaban a entrar en los campos por temor a ser deportadas. Mayoritariamente, jóvenes de Afganistán y Pakistán.
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En Serbia existen 19 campos de refugiados donde en 2017 llegó a confinarse a más de 8.000 personas que buscaban refugio tras lograr entra al país vía Macedonia desde Grecia. La ruta de los Balcanes se convirtió en una trampa donde millares de personas quedaron bloqueadas tras el cierre de las fronteras de Hungría y Croacia. No se sabe la cifra de personas que quedaron repartidas en los bosques de Serbia y que renunciaban a entrar en los campos por temor a ser deportadas. Mayoritariamente, jóvenes de Afganistán y Pakistán.
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A la dureza de la situación se sumaba el frío, que en el invierno de 2017 dejó casi un centenar de muertos en toda Europa. En Serbia, la hipotermia, la congelación y los problemas respiratorios eran habituales entre las personas que habitaban en los bosques, tal y como alertó MSF (Médicos Sin Fronteras). Además, las hogueras que encendían para calentarse podían acarrear otro tipo de infecciones debido al humo que inundaba los habitáculos en las casas abandonadas donde se cobijaban.
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A la dureza de la situación se sumaba el frío, que en el invierno de 2017 dejó casi un centenar de muertos en toda Europa. En Serbia, la hipotermia, la congelación y los problemas respiratorios eran habituales entre las personas que habitaban en los bosques, tal y como alertó MSF (Médicos Sin Fronteras). Además, las hogueras que encendían para calentarse podían acarrear otro tipo de infecciones debido al humo que inundaba los habitáculos en las casas abandonadas donde se cobijaban.
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El continuo acoso al que están sometidas las personas migrantes en Serbia les hace estar en movimiento durante buena parte del día, buscando un sitio seguro donde poder pasar la noche o esperar para intentar “The Game”, nombre con el que conocen el intento de cruzar las peligrosas vallas de la frontera húngara.
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Incluso las personas más vulnerables y con graves limitaciones físicas no dudan en huir del horror de la guerra. Esta niña con parálisis cerebral escapó de Afganistán en los brazos de su madre y llegó a Serbia en el 2015 donde ha recorrido varios campos de internamiento a la espera de poder acceder a Alemania. La silla de ruedas fue donada por los propios trabajadores serbios del campo de Subotica, ciudad septentrional cercana a la frontera con Hungría. En el verano de 2018, una caravana de payasos y músicos, Pallasos en Rebeldía y Txarango, llegó a Serbia para decirles a las personas refugiadas: “No estáis solas”.
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Incluso las personas más vulnerables y con graves limitaciones físicas no dudan en huir del horror de la guerra. Esta niña con parálisis cerebral escapó de Afganistán en los brazos de su madre y llegó a Serbia en el 2015 donde ha recorrido varios campos de internamiento a la espera de poder acceder a Alemania. La silla de ruedas fue donada por los propios trabajadores serbios del campo de Subotica, ciudad septentrional cercana a la frontera con Hungría. En el verano de 2018, una caravana de payasos y músicos, Pallasos en Rebeldía y Txarango, llegó a Serbia para decirles a las personas refugiadas: “No estáis solas”.
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Tan importante como la comida o los artículos de higiene personal es estar conectado por medio de los teléfonos móviles. Las personas voluntarias proporcionan a los migrantes dispositivos de carga para las baterías portátiles a fin de evitar que queden incomunicados con sus familiares en sus países de origen. El teléfono puede salvarles la vida en el caso de ser interceptados tras el intento de cruzar las vallas de la frontera. Es habitual que las personas migrantes sean agredidas brutalmente por la policía, usando una violencia desproporcionada. A veces, son torturadas antes de devolverlas de nuevo a territorio serbio.
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Tan importante como la comida o los artículos de higiene personal es estar conectado por medio de los teléfonos móviles. Las personas voluntarias proporcionan a los migrantes dispositivos de carga para las baterías portátiles a fin de evitar que queden incomunicados con sus familiares en sus países de origen. El teléfono puede salvarles la vida en el caso de ser interceptados tras el intento de cruzar las vallas de la frontera. Es habitual que las personas migrantes sean agredidas brutalmente por la policía, usando una violencia desproporcionada. A veces, son torturadas antes de devolverlas de nuevo a territorio serbio.
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Tan importante como la comida o los artículos de higiene personal es estar conectado por medio de los teléfonos móviles. Las personas voluntarias proporcionan a los migrantes dispositivos de carga para las baterías portátiles a fin de evitar que queden incomunicados con sus familiares en sus países de origen. El teléfono puede salvarles la vida en el caso de ser interceptados tras el intento de cruzar las vallas de la frontera. Es habitual que las personas migrantes sean agredidas brutalmente por la policía, usando una violencia desproporcionada. A veces, son torturadas antes de devolverlas de nuevo a territorio serbio.
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A la dureza de la situación se sumaba el frío, que en el invierno de 2017 dejó casi un centenar de muertos en toda Europa. En Serbia, la hipotermia, la congelación y los problemas respiratorios eran habituales entre las personas que habitaban en los bosques, tal y como alertó MSF (Médicos Sin Fronteras). Además, las hogueras que encendían para calentarse podían acarrear otro tipo de infecciones debido al humo que inundaba los habitáculos en las casas abandonadas donde se cobijaban.
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Tan importante como la comida o los artículos de higiene personal es estar conectado por medio de los teléfonos móviles. Las personas voluntarias proporcionan a los migrantes dispositivos de carga para las baterías portátiles a fin de evitar que queden incomunicados con sus familiares en sus países de origen. El teléfono puede salvarles la vida en el caso de ser interceptados tras el intento de cruzar las vallas de la frontera. Es habitual que las personas migrantes sean agredidas brutalmente por la policía, usando una violencia desproporcionada. A veces, son torturadas antes de devolverlas de nuevo a territorio serbio.
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Incluso las personas más vulnerables y con graves limitaciones físicas no dudan en huir del horror de la guerra. Esta niña con parálisis cerebral escapó de Afganistán en los brazos de su madre y llegó a Serbia en el 2015 donde ha recorrido varios campos de internamiento a la espera de poder acceder a Alemania. La silla de ruedas fue donada por los propios trabajadores serbios del campo de Subotica, ciudad septentrional cercana a la frontera con Hungría. En el verano de 2018, una caravana de payasos y músicos, Pallasos en Rebeldía y Txarango, llegó a Serbia para decirles a las personas refugiadas: “No estáis solas”.
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La “Caravana Abriendo Esperanzas”, con Pallasos en Rebeldía y Txarango, llegó a Serbia en el verano de 2018 para repartir sonrisas y dar esperanza a las miles de personas que se encontraban en diferentes campos del norte del país. Durante cuatro días actuaron en cinco lugares y visitaron algunos puntos en los bosques donde se encontraban personas refugiadas fuera de los centros de internamiento.
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La “Caravana Abriendo Esperanzas”, con Pallasos en Rebeldía y Txarango, llegó a Serbia en el verano de 2018 para repartir sonrisas y dar esperanza a las miles de personas que se encontraban en diferentes campos del norte del país. Durante cuatro días actuaron en cinco lugares y visitaron algunos puntos en los bosques donde se encontraban personas refugiadas fuera de los centros de internamiento.
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La “Caravana Abriendo Esperanzas”, con Pallasos en Rebeldía y Txarango, llegó a Serbia en el verano de 2018 para repartir sonrisas y dar esperanza a las miles de personas que se encontraban en diferentes campos del norte del país. Durante cuatro días actuaron en cinco lugares y visitaron algunos puntos en los bosques donde se encontraban personas refugiadas fuera de los centros de internamiento.
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Miles de personas refugiadas se encuentran atrapados en Serbia, país que dispone de cuatro fronteras con la Unión Europea y otras tantas con países que pertenecieron a la antigua Yugoslavia. Han cruzado el Mediterráneo, Grecia y Macedonia, han recorrido miles de kilómetros, a veces a pie en medio de la noche y a varios grados bajo cero. Desde el año 2010 empezaron a llegar a los bosques serbios personas que huían de las guerras de Afganistán, Siria e Iraq. También en Pakistán, por la fuerte presión y violencia que ejercen los talibanes, miles de jóvenes se ven obligados a abandonar su hogar en busca de una vida segura y digna.
Para llegar hasta aquí han arriesgado su vida y se han puesto en manos de los traficantes de personas. Llegan exhaustos, con niños a cuestas. Muchos llevan días sin dormir, pero no quieren pararse aquí. Su idea es cruzar las temibles vallas que Hungría instaló con la inestimable ayuda de la Unión Europea. Unos muros de alambre que son testigos de la violencia criminal que la policía de fronteras húngara ejerce contra las personas que intentan llegar al otro lado. La nueva ley del país magiar convierte en delito romper la cerca de alambre de cuchillas en la frontera y amplía las penas de prisión para los traficantes de personas. El gobierno húngaro cerró dos pasos de frontera con Serbia en 2015.
Mientras esperan para hacer “El Game” (nombre que usan para referirse al intento de saltar las vallas) viven escondidos en los bosques cercanos a la frontera con Hungría, en el norte, y a la de Croacia en el oeste. El gobierno serbio no brinda ningún tipo de ayuda en esas localizaciones y tienen que ser las ONGS, las que se encarguen de dar comida y apoyo a las personas refugiadas. Personas voluntarias procedentes de muchos países se juegan ser expulsados de Serbia por intentar ayudar.
En los campos de Sid, Tabankout o Subotica al norte del país, cientos de jóvenes, muchos no alcanzan la mayoría de edad, procedentes de Afganistán, Pakistán, Bangladesh, Nepal y Cuba que han conseguido llegar a Serbia, denuncian palizas y torturas por parte de los agentes de seguridad en los cruces fronterizos, según relatan los propios refugiados a los pocos voluntarios que se atreven a estar en la zona. Un trabajo difícil, ser voluntario en Serbia, sometidos a constante presión e intimidación en un país, donde la ayuda humanitaria está penalizada, no se puede servir comida caliente ni dispensar medicinas básicas.
Los activistas conviven con estas personas ofreciéndoles cariño y calor humano. Les llevan comida cada dos días, un presupuesto de aproximadamente 1,5 euros por persona, no es gran cosa pero les quita el hambre. También ayudan aportando lo mínimo básico que cualquier ser humano necesita para vivir, como ropa, calzado y también reparten duchas; aun así son víctimas de infecciones estomacales y de enfermedades de la piel provocadas por parásitos como la sarna. Realizan actividades lúdicas como hacer camisetas que luego son vendidas para ayudar a financiar la ayuda. Unos voluntarios jóvenes valientes y comprometidos con la causa humana que dedican su tiempo para ayudar a los que lo han perdido todo.
Los datos oficiales vertidos por la organización internacional de las migraciones (OIM), confirman que hay unas 7.740 (final 2017) personas estancadas en Serbia. Según fuentes de las instituciones y organizaciones no gubernamentales como Médicos Sin Fronteras, afirman que en realidad esta cifra supera los 11.000.
Serbia es la última frontera para miles de personas que tratan de llegar a la Unión Europea. Si bien Grecia continúa siendo el principal país de tránsito y estancamiento de refugiados e inmigrantes, Serbia le sigue los pasos.
CREDITOS Y AGRADECIMIENTOS
Fotografías y textos : Antonio Sempere
Producción técnica, 3D & Programación: Sergi Mussull, Pixel-on.com
Agradecimientos : Tere Gómez , STOP Mare Mortum - NO NAME KITCHEN - JUTT Helping People
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En 2015, Hungría construyó a lo largo de los 175 kilómetros de su frontera con Serbia una valla coronada con concertinas, electrificada y dotada de un circuito de cámaras de seguridad. La instalación incluía sensores infrarrojos capaces de detectar acercamientos de personas a una distancia de 200 metros. Todo ello reforzado por los puestos militares que vigilan cualquier movimiento al otro lado de la valla.
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En 2015, Hungría construyó a lo largo de los 175 kilómetros de su frontera con Serbia una valla coronada con concertinas, electrificada y dotada de un circuito de cámaras de seguridad. La instalación incluía sensores infrarrojos capaces de detectar acercamientos de personas a una distancia de 200 metros. Todo ello reforzado por los puestos militares que vigilan cualquier movimiento al otro lado de la valla.
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En 2015, Hungría construyó a lo largo de los 175 kilómetros de su frontera con Serbia una valla coronada con concertinas, electrificada y dotada de un circuito de cámaras de seguridad. La instalación incluía sensores infrarrojos capaces de detectar acercamientos de personas a una distancia de 200 metros. Todo ello reforzado por los puestos militares que vigilan cualquier movimiento al otro lado de la valla.
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Desde 2015 miles de niñas y niños han llegado junto a sus padres a Serbia huyendo de la guerra o la persecución por motivos religiosos, étnicos o políticos. Otros tantos menores solos han logrado entrar en Serbia en condiciones muy precarias. Muchos han perdido a sus progenitores por el camino, otros han logrado escapar de las mafias de trata de seres humanos. Esta niña afgana de la etnia hazara, pueblo de origen mongol formado principalmente por chiitas de habla persa, huyó junto a su familia de la persecución y exterminio que sufre su pueblo a manos de las facciones talibanes sunníes y el Estado Islámico en el sur de Afganistán. Ahora vive en el campo de refugiados de Subotica a la espera de poder ir a Europa para encontrar un hogar junto a su familia.
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Desde 2015 miles de niñas y niños han llegado junto a sus padres a Serbia huyendo de la guerra o la persecución por motivos religiosos, étnicos o políticos. Otros tantos menores solos han logrado entrar en Serbia en condiciones muy precarias. Muchos han perdido a sus progenitores por el camino, otros han logrado escapar de las mafias de trata de seres humanos. Esta niña afgana de la etnia hazara, pueblo de origen mongol formado principalmente por chiitas de habla persa, huyó junto a su familia de la persecución y exterminio que sufre su pueblo a manos de las facciones talibanes sunníes y el Estado Islámico en el sur de Afganistán. Ahora vive en el campo de refugiados de Subotica a la espera de poder ir a Europa para encontrar un hogar junto a su familia.
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Desde 2015 miles de niñas y niños han llegado junto a sus padres a Serbia huyendo de la guerra o la persecución por motivos religiosos, étnicos o políticos. Otros tantos menores solos han logrado entrar en Serbia en condiciones muy precarias. Muchos han perdido a sus progenitores por el camino, otros han logrado escapar de las mafias de trata de seres humanos. Esta niña afgana de la etnia hazara, pueblo de origen mongol formado principalmente por chiitas de habla persa, huyó junto a su familia de la persecución y exterminio que sufre su pueblo a manos de las facciones talibanes sunníes y el Estado Islámico en el sur de Afganistán. Ahora vive en el campo de refugiados de Subotica a la espera de poder ir a Europa para encontrar un hogar junto a su familia.
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En 2015, Hungría construyó a lo largo de los 175 kilómetros de su frontera con Serbia una valla coronada con concertinas, electrificada y dotada de un circuito de cámaras de seguridad. La instalación incluía sensores infrarrojos capaces de detectar acercamientos de personas a una distancia de 200 metros. Todo ello reforzado por los puestos militares que vigilan cualquier movimiento al otro lado de la valla.
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Desde 2015 miles de niñas y niños han llegado junto a sus padres a Serbia huyendo de la guerra o la persecución por motivos religiosos, étnicos o políticos. Otros tantos menores solos han logrado entrar en Serbia en condiciones muy precarias. Muchos han perdido a sus progenitores por el camino, otros han logrado escapar de las mafias de trata de seres humanos. Esta niña afgana de la etnia hazara, pueblo de origen mongol formado principalmente por chiitas de habla persa, huyó junto a su familia de la persecución y exterminio que sufre su pueblo a manos de las facciones talibanes sunníes y el Estado Islámico en el sur de Afganistán. Ahora vive en el campo de refugiados de Subotica a la espera de poder ir a Europa para encontrar un hogar junto a su familia.
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En 2015, Hungría construyó a lo largo de los 175 kilómetros de su frontera con Serbia una valla coronada con concertinas, electrificada y dotada de un circuito de cámaras de seguridad. La instalación incluía sensores infrarrojos capaces de detectar acercamientos de personas a una distancia de 200 metros. Todo ello reforzado por los puestos militares que vigilan cualquier movimiento al otro lado de la valla.
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Las duras condiciones del invierno obligaban constantemente a los voluntarios y las voluntarias, que trabajaban con estas personas, a cambiar las mantas. Porque eran muchísimos los chicos que iban llegando los bosques del norte de Serbia junto a la frontera de Hungría. 
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La desesperación ante la situación de bloqueo que sufren miles de jóvenes es visible en el día a día en Serbia. Un joven migrante se enfrenta a la cruda realidad de su situación con la mirada perdida en el embarcadero del lago Palic, al norte de Serbia.
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La desesperación ante la situación de bloqueo que sufren miles de jóvenes es visible en el día a día en Serbia. Un joven migrante se enfrenta a la cruda realidad de su situación con la mirada perdida en el embarcadero del lago Palic, al norte de Serbia.
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La desesperación ante la situación de bloqueo que sufren miles de jóvenes es visible en el día a día en Serbia. Un joven migrante se enfrenta a la cruda realidad de su situación con la mirada perdida en el embarcadero del lago Palic, al norte de Serbia.
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Las duchas que se ofrecen a las personas atrapadas en los bosques de Serbia son de vital importancia para garantizar su higiénico y prevenir infecciones como la sarna. El uso de ropa interior térmica es fundamental para poder superar el duro invierno, ya que muchas de estas personas duermen sobre el suelo en improvisadas tiendas de campaña.
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Las duchas que se ofrecen a las personas atrapadas en los bosques de Serbia son de vital importancia para garantizar su higiénico y prevenir infecciones como la sarna. El uso de ropa interior térmica es fundamental para poder superar el duro invierno, ya que muchas de estas personas duermen sobre el suelo en improvisadas tiendas de campaña.
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Las duchas que se ofrecen a las personas atrapadas en los bosques de Serbia son de vital importancia para garantizar su higiénico y prevenir infecciones como la sarna. El uso de ropa interior térmica es fundamental para poder superar el duro invierno, ya que muchas de estas personas duermen sobre el suelo en improvisadas tiendas de campaña.
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La desesperación ante la situación de bloqueo que sufren miles de jóvenes es visible en el día a día en Serbia. Un joven migrante se enfrenta a la cruda realidad de su situación con la mirada perdida en el embarcadero del lago Palic, al norte de Serbia.
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Las duchas que se ofrecen a las personas atrapadas en los bosques de Serbia son de vital importancia para garantizar su higiénico y prevenir infecciones como la sarna. El uso de ropa interior térmica es fundamental para poder superar el duro invierno, ya que muchas de estas personas duermen sobre el suelo en improvisadas tiendas de campaña.
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Las duchas que se ofrecen a las personas atrapadas en los bosques de Serbia son de vital importancia para garantizar su higiénico y prevenir infecciones como la sarna. El uso de ropa interior térmica es fundamental para poder superar el duro invierno, ya que muchas de estas personas duermen sobre el suelo en improvisadas tiendas de campaña.
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La desesperación ante la situación de bloqueo que sufren miles de jóvenes es visible en el día a día en Serbia. Un joven migrante se enfrenta a la cruda realidad de su situación con la mirada perdida en el embarcadero del lago Palic, al norte de Serbia.
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Las condiciones de vida en los bosques mejoraban gracias al trabajo de las organizaciones sobre el terreno. Las continuas llegadas de personas voluntarias y material de ayuda humanitaria permiten paliar las necesidades básicas y ofrecer los cuidados de salud que las autoridades de inmigración serbias autorizan para las personas fuera de los campos. La visita de MSF (Médicos Sin Fronteras) a los distintos puntos repartidos cerca de los centros de internamiento donde habitaban los migrantes evitaron que la situación de emergencia fuese más grave.
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Las condiciones de vida en los bosques mejoraban gracias al trabajo de las organizaciones sobre el terreno. Las continuas llegadas de personas voluntarias y material de ayuda humanitaria permiten paliar las necesidades básicas y ofrecer los cuidados de salud que las autoridades de inmigración serbias autorizan para las personas fuera de los campos. La visita de MSF (Médicos Sin Fronteras) a los distintos puntos repartidos cerca de los centros de internamiento donde habitaban los migrantes evitaron que la situación de emergencia fuese más grave.
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